Los monstruos nocturnos de Buenos Aires

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El gélido clima en la barriada de Tolosa se hace sentir con mayor ímpetu a esas horas desoladas de la noche en que las calles se deshabitan por completo.

Como siempre, algún que otro errabundo felino se pasea de cuadra en cuadra, bregando por una fortuita cacería.

La iluminación no es la mejor, pero basta para dar algo de coherencia a las interminables manzanas que aquella muchacha transita con la vehemencia propia de quien desea llegar lo antes posible al domicilio.
Lleva las manos ateridas dentro de los bolsillos de la cazadora. Los ojos fijos en el suelo regado de hojas del otoño.

Y la prisa que refleja no es para menos.

Ya desde hace algún tiempo “el vecindario de Tolosa se encuentra visiblemente alarmado ante las repentinas apariciones de un siniestro personaje que ataca en parajes oscuros a las jóvenes y a peatones desprevenidos” [1]

Según dicen, el individuo emplea algún tipo de máscara que le da una “apariencia terrorífica”. Unos largos dientes retoñan de su boca haciéndolo francamente repulsivo a la visión.

Aunque el nombre El Dientudo – otorgado indudablemente por esta extraña fisonomía – es algo pueril, sus ataques deben ser lo bastante elocuentes para que, una vez caído el crepúsculo, el vecindario humilde se recluya al calor de sus hogares evitando salir innecesariamente.

Y así esperan que pase la noche. Y es que desde que “Ha trascendido que un joven a quien se llama Chichi domiciliado en la calle 115 bis entre 31 y 32 resultó víctima de El Dientudo quien le produjo una herida cortante en el rostro” la gente no se lo toma a la ligera. Prefiere prevenirse.

Pero, no nos debería asombrar que los jóvenes, presas de fugaces enamoramientos o restándole trascendencia a estos episodios, se atrevan a salir de noche en días difíciles como aquellos.

Y como nuestra muchacha del relato ¿cuántos habrán que desafían la oscuridad y el miedo.?

Ahora apura el paso entre las tinieblas de las calles deshabitadas. Ya la vemos llegar. Sus pasos estallan como sucesivos tambores en el silencio.

A lo lejos los árboles se sacuden violentamente. Y mientras abre la puerta de su casa, un involuntario terror la invade. Una sombra amorfa cruza abruptamente entre la oscuridad de las arboledas. Esta vez no ocurrió nada. Quién sabe si mañana será igual.

Así comienza esta historia. Quizá una de cuantas más implicaciones hubo cobrado en la población de aquella época.

Analicémosla un poco.

EL MONSTRUO DE RINGUELET: EL DIENTUDO

Me enteré del caso por Fabio Picasso, una auténtica enciclopedia viviente.

Casi medio siglo ha pasado de las súbitas apariciones de una criatura espeluznante que merodeaba los lúgubres parajes de Tolosa y Ringuelet –en las puertas de Buenos Aires -, haciendo gala de una inusual agresividad a los esporádicos transeúntes que se lo topaban a la vera del camino.

Pero para percibir más claramente lo que había sucedido, Fabio viajó en 1993 a la zona en cuestión. Y las primeras pesquisas le revelaron de inmediato que el hecho no pasó en modo alguno inadvertido para los habitantes de la zona.

Es más: las autoridades policiales pusieron cartas en el asunto.

Actualmente las orillas del arroyo donde circulaba esta Criatura están semipobladas por personas sin recursos que habitan míseras casillas de madera y chapa.

Sin embargo en 1961 era todo bosque. Y no me resultó difícil imaginar aquella época y sus vericuetos nocturnos.

Indudablemente fue un lugar tenebroso sobre todo de noche.

Y mientras Fabio caminaba por la zona, unos ojos oscuros que sabían de la violencia lo escrutaban atentos en su recorrido. En efecto, ahora hay muchas villas miserias, gente desocupada, viviendo en territorios de marginación.

Con o sin monstruo, es peligroso rondar por las afueras de Buenos Aires. La inseguridad es palpable hoy día.

Leyendo las primeras y copiosas notas publicadas por el diario La Razón me hice a la idea de cómo empezó todo.

Decía textualmente esto:

Se mantiene la expectativa creada en la población de Ringuelet luego de un procedimiento policial realizado anoche en el paraje denominado El Puente del Gato, que es una zona donde se halla el puente del ferrocarril General Roca. La acción policial se vinculó con las versiones existentes referidas a un presunto monstruo, sin forma humana, al que inclusive se ha bautizado con el nombre de El Dientudo, dado que los vecinos que aseguran haberlo visto hablan de descomunales colmillos.” [2]

Y por extraño que resulte, este ser horripilante no sólo deambulaba por Tolosa. También se pasearía algunos años más tarde por Ringuelet.

En efecto, se trataba de un ser con la mismas características anatómicas que la descripta en Tolosa tiempo atrás.

Buceando entre archivos, en la primera nota encontramos que la criatura había llegado a atacar a un perro. Un ovejero alemán.

Manteniendo una violenta lucha, terminó huyendo ensangrentado y profiriendo lastimeros aullidos que alarmaron al vecindario” [3]

Se especularon con diversas teorías en las que incluso se adjudicaba a la criatura un origen prehistórico. Quizá un animal desconocido para los catálogos de los zoólogos.

Pero, ¿por qué no un anormal disfrazado que se tomó la molestia de hacer cundir el pánico durante varias noches?

A la sazón, sin embargo, no se obtuvo nada que validara este tipo de razonamiento. Y muchos, como Fabio, prefirieron pensar en que algo realmente extraño había sucedido.

Y el primer artículo relativo a la bestia de Ringuelet finalizaba así:

Los pobladores del lugar viven angustiados ante tal situación y por las noches las madres no permiten salir a sus hijos ante la perspectiva de un inesperado encuentro con El Dientudo. En estos momentos, el personal policial de la zona a instancias de la gente del paraje monta una guardia permanente mientras varias comisiones patrullan la zona”

UNA EXPLICACION A LAS OBSERVACIONES DE LA BESTIA

Lo que primeramente atrajo mi atención fue la frecuencia de las apariciones registradas, y que el periódico La Razón porfiaba en presentar a un público que de lo único que había oído hasta ese momento era de la política del país y los subsidios en empresas y economías.

Y sin embargo, día tras día, aparecían detalles que, asociándolos en conjunto, arrojaban luces nuevas sobre el asunto.

Pero destaquemos lo más relevante de este suceso. Abramos un mapa y observemos. La localidad cuenta con escasos lugares para ser considerados refugios de una criatura. Sí, sería más descampado por las fechas en que rondaba la supuesta criatura, pero no lo suficiente para ocultar un fenómeno anormal.

Además, la mayoría de los avistamientos se daban lugar en un puente. ¿Por qué allí y no en otro lugar? ¿Es que tenía la madriguera o en realidad deseaban alejar a la gente de tal lugar?.

Cuando vi la foto que me ofreció Fabio del puente, pensé en el término de monstruo, etimológicamente asociada con Mostrar.

Eran tantas las apariciones en dicho puente, que había puesto a un gendarme para que vigilara.

“Hace varios días mantiene guardia en el desolado paraje de Puente del Gato a unos 1000 metros, aproximadamente, de la localidad de Ringuelet, refiriéndose al monstruo que mantiene en vigilia a los pobladores del lugar [4]

Según algunos relatos el Puente, era una“caverna” a la intemperie de la Bestia, y estaría maldito:

“En ese lugar han muerto muchas personas en accidentes, es un puente maldito y algún alma en pena anda por ahí”. Un funcionario policial de la zona refirió que personal de la tropa de la regional no quería hacer guardia en el puente por dicho motivo” [5]

Pero no sólo el puente era el lugar predilecto de la criatura. También las horas en que se aparecía. Entre las 22 y las 03 de la madrugada.

No obstante, un oficial aclaraba que “ la vigilancia se mantiene no por el monstruo sino para resguardar el puente en razón del conflicto que mantienen los ferroviarios.

Conflicto con los ferroviarios. Mnn. Por ahí venía la punta a la verdad.

Sin embargo, para el pueblo – y en especial los medios periodísticos – era otra cosa. Y se sellaba herméticamente al caer la tarde. Lo único que se oía hablar era de El Dientudo. “En Ringuelet ya no es posible observar noctámbulos.” [6]

CONCLUSION SOBRE EL DIENTUDO

¿Es posible que algún poblador, amamante de lo sobrenatural, haya querido propagar la noticia del monstruo, de modo que se prestara algo de atención al conflicto ferroviario que aquejaba por aquellos días?¿Será por eso que siempre por dicho puente hacía su aparición la “Bestia”?

Pero para los periodistas, que se nutrían del Dientudo, aquello no podía ser posible. Por eso, volvían a la carga con esta nota:

Ahora no hay vigilancia en el puente El Gato. La medida, según es vox populi, en los corrillos lugareños ha sido adoptada no tanto porque haya concluido el conflicto ferroviario sino porque las autoridades policiales habrían querido desvirtuar los insistentes rumores acerca de la aparición periódica de El Dientudo, extraño engendro en esta zona sureña. Ha trascendido, no obstante, que un agente de servicio en el puente sobre el arroyo El Gato hace unas noches estuvo a punto de balear a un vecino del lugar que a duras penas, por padecer un defecto en el habla, pudo darse a conocer y aclarar que se trataba de una persona normal y que sus intenciones eran pacíficas, ya que solo cruzaba la zona para ahorrar camino de regreso a su hogar del trabajo. Este episodio, sin ninguna trascendencia en otras circunstancias, demuestra empero el grado de nerviosismo y tensión que reina entre los guardianes del orden.” [7]

En efecto, una vez que se da publicidad a un tema difícil es desligarlo del periodismo. Aquella nota vendía. Y era necesario llenar columnas con más al respecto. El efecto “bola de nieve” no se hizo esperar. Y los testimonios surgieron a roletes.

LOS MITICOS MONSTRUOS DEL RIO DE LA PLATA

Podemos concluir que El Dientudo fue una forma sencilla de llamar la atención de la opinión pública por gente sin escrúpulos. De la misma manera que en la antigüedad, según el historiador Flavio Josefo, hubo criminales que se ataviaban con mantas blancas para asustar a los legionarios y poder huir de persecuciones, debemos pensar que lo mismo pudo suceder en Ringuelet.

El problema son las tradiciones, forjadas por esta clase de malentendidos. Veamos algunas.

En el sur de Chile estaba el Ngenlaiquen o simplemente Gato Marino (también se lo conoce como Ñull-ñull, quizá un nombre onomatopéyico ).

Se caracterizaría por generar un irritante sonido en todas las direcciones. Habita en el mar; respetado e incluso invocado para la pesca. Y al parecer resulta muy peligroso intentar atraparlo o hacerle daño.[8]

El padre Jesuita Pedro Lozano en su “Historia de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumánya en 1740 escribía:


“ En los confines de la provincia del Río de la Plata hacia los Patagones, se halla un animal muy fiero, llamado o según otros Succarath y anda comúnmente hacia la ribera de los ríos. Su figura es espantosa, a la primera vista parece tener la cara de León y aún de Hombre, porque desde la orejas se le ve barbado con pelo no muy largo, estrechándose su mole hacia los lomos, cuando en la parte anterior es bien corpulento, la cola es larga y muy poblada de cerda…[9]

En la época de la conquista, entre los tehuelches, encontramos los Tigre o Perro de agua, un engendro que desataba el terror en los aborígenes.

Florentino Ameghino, basándose en informaciones suministradas por su hermano Carlos entre los Tehuelches, nos dice que el Hymche ( o Tigre de Agua) se encontraba allá por 1900 confinado al centro de la Patagonia.

Generalmente en cuevas y al abrigo de las riberas de los lagos Colhué Huapí, Fontana, Buenos Aires y los ríos Senguer, Aysen y Huemules.

Y en cuanto a la descripción de la criatura nos dice que era de hábitos nocturnos, de impresionante fuerza física capaz de atenazar un caballo llevándolo hasta el fondo de las aguas donde , aparentemente, lo devoraría.

Según dicen, su talla es mucho mayor que la de un puma. Un detalle significativo en el animal son los enormes Colmillos que posee. Así también sus garras. Su cola larga deprimida y prensil. Y su cuerpo cubierto de un pelo corto y duro de color bayo uniforme.

018¿Y que podríamos decir sobre aquel raro ser de nombre Ucumar, cuyas características animaloides nos recuerdan a nuestro peculiar espécimen de Ringuelet? ¿Podría tratarse del rebrote del mito del Ucumar?

Como punto interesante debemos mencionar la ininterrumpida secuencia de leyendas acerca de humanoides peludos desde el sur en Río Negro y Neuquén llegando a través de la cordillera de los Andes a San Juan y Mendoza y posteriormente a todas las provincias del Noroeste argentino: Tucumán, La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy donde es conocido con el nombre de Ucumar.[10]

La leyenda del Ucumar tiene varias versiones según la región y el compilador encargado en registrarla.

Baste citar a modo de ejemplo a Adolfo Colombres y su Seres Sobrenaturales en la Cultura Popular Argentina. Para este especialista del folklore el Ucumar es un hombre-oso, peludo y de apariencia terrible. Rapta mujeres y niños. Otro autor, Paleari , muy al contrario nos brinda su descripción:

Un horrible cuerpo, sin alma aparente. Las cosas tan feas tienen prohibido rondar por el abanico de los sentimientos. Y era mujer, cubierta de pelos negros, largos, sucios, duros aunque elásticos. De las líneas de su rostro solo se destacaban dos ojos pequeños, intensos, oscuros y hundidos en perpetuo movimiento. Los pelos que le nacían en la frente caían sobre la nariz y la boca, separados apenas por bufidos y manotazos a uno y otro lado. La boca era un tajo enorme y baboso y los dientes salidos, aislados unos de otros, cada cual con su propio ángulo semejaban el perfil de una ríspida sonrisa…” [11]

Y no nos olvidemos del Caa-Porá de Juan Bautista Ambrosetti. Un hombre velludo, gigantesco y de enorme cabeza que vive en los montes alimentándose de la carne cruda de los animales.

004También en Goyaz, Brasil – según informaciones del Teniente del ejército Brasileño Edmundo Barros – los indios tienen su leyenda sobre el Caa-Porá.

Algunos opinan que el Caa-Porá es un hombre velludo que fuma una pipa gigantesca confeccionada con un cráneo y una tibia y que devora a la gente chupándolas, dejando libres los intestinos en el suelo cual señal de su paso.

Elsa L. Pasteknik, infatigable recolectora de leyendas en Misiones , nos cuenta que cierta vez le preguntó al paisano Anastacio Arero si había visto o sentido algo extraño en el monte. Y su réplica no pudo ser más interesante:

Por un decir, yo cuando salgo a recorrer las aripucas [12] y algunas cimbras (Lazos) siempre dejo algo para el Caa-Porá, para que coma, porque él es el dueño de los animales del monte y cuando vuelvo ya no está más. A veces deja una pisada grandota, pero verlo no se ve. Se puede ver como se mueve el monte (a su paso) pero no a él. Y cuando a uno se le escapa un venado herido no hay que correrlo, hay que dejarlo nomás para su comida. Cuando alguien no lo hace, peligra porque el Caa-Porá, si tiene hambre te puede “fundir” (matar) a vos también. Pero si no lo molestan el no dice nada, no es peligroso.” [13]

Repitamos: “Pero verlo no se ve”.

Continuemos. Es hora de hablar del caso de Baradero. En este episodio, también se observó un monstruo rondando las apacibles noches de la ciudad. Y su protagonista – Juan Carlos Martínez – fue agredido y hasta lo hospitalizaron.

La bestia mediría como dos metros, hay hasta una denuncia en la policía. ¿Realmente fue una bestia o la bestia un subterfugio para lo que realmente sucedió?

En persona, conversé cierta vez con una testigo de esta clase de criaturas. Me relató con pelos y señas sobre su terrible experiencia a las afueras de Buenos Aires.

Cuando quise indagar más me puso un alto. Me prometió que no había problema en que me indicará donde sucedió, pero ahora justo no podía. No me explicó la razón e insistí.
Durante meses le pedí me detallara más el episodio. E incluso, como me contó que había otra testigo, que me pusiera en contacto con ella.

Ahora cada vez que la cruzo – y que hace años que no sucede porque me mudé de barrio – cruza de vereda para no saludarme.

 

EL MIEDO A LOS MONSTRUOS

El miedo a los monstruos es primitivo. Está latente y es parte de nuestra evolución. En nuestro cerebro primitivo, aún no erradicado, está contenido.

Me parece buena idea transcribir el comunicado oficial de la policía local que fue publicado el 15 de diciembre en referencia al Dientudo:

La Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires dio a conocer el siguiente comunicado relacionado con una aparición fantasmal en Ringuelet:

En relación con noticias periodísticas que informarían a la opinión pública acerca de la aparición de entidades fantasmales en jurisdicción de la Comisaría 6º de Ringuelet en las inmediaciones del arroyo El Gato, esta jefatura cumple con su deber al hacer saber:

  1. Que efectivamente en conocimiento de tales informaciones dispuso una investigación tendiente a determinar quienes podrían, como ha ocurrido en otras oportunidades, a título de broma, promover esas apariciones.

  2. Que nada ha podido establecerse en tal sentido y que considera prudente poner en conocimiento de la población que cualquier circunstancia relacionada con estos hechos debe de inmediato hacerse saber a esta policía.

  3. Que por último, advirtiendo que una noticia de esta índole bien podría generar una inquietud colectiva en los vecinos de la zona asegura terminantemente que en ningún momento personal de esta institución ha tomado conocimiento ni ha sido testigo de las supuestas apariciones. ” [14]


¿Hace falta algo más para entender por donde venía la mano?.

 

LA CREENCIA DEL LOBIZON

3Es inevitable. Imposible desligarme de hablar, aunque sucintamente, de los hombres lobos.

Según Rafael Jijena Sánchez, con la conquista y colonización hispanas llegaron a América perros que dieron origen a los llamados cimarrones o mano pelada (Aguará-popé en guaraní).

Corpulentos, de grandes remos y de pelo duro; fueron sumamente sanguinarios y dados a andar en manadas, pareciéndose en todo a los lobos. Solían alimentarse de terneros y potrillos:

“Por otra parte existía con anterioridad a la conquista una clase de cuadrúpedos que podría asimilarse a nuestros perros. El historiador Clavijero hace mención de ceremonias de los aztecas en las que se sacrificaban estos perros hallados por los descubridores en la isla Española. Eran llamados Xulos y su principal característica era la de ser mudos. Estos son para Obermaier una variedad del lobo mexicano. Otros nombres que tuvieron estos perros eran: Guaniquinajes en las Antillas, Alkos en Perú y Kiltros en la Araucania.” [15]

En 1974, nos cuenta nuestro colega Sergio G. Soria, – en la localidad de Bunghes, provincia de Buenos Aires – dos testigos ocasionales observaron el singular paso, por las oscuras calles de la ciudad, de un inmenso perro negro.

Y de inmediato advirtieron que se encontraban ante un auténtico Lobizón.

Su paso era lento y se mostraba indiferente al continuo asedio de los perros del lugar que acompañaban con ladridos e intensos aullidos la macabra procesión.

La extraña criatura se dirigió directamente hacia una maltrecha casilla para luego perderse en las tinieblas de la espesa noche. En la actualidad , y a pesar de haber transcurrido nueve años, los testigos continúan impresionados por el sonido de la criatura.[16]

1En la provincia del Chaco hubo un caso similar [17]; contabilizándose más de 17 testigos. En Córdoba pasó lo mismo [18]. Y parece ser que aquí hacía estragos en los campos aledaños hiriendo a numerosos vacunos y desatando sangrientas batallas con perros.

Se afirmaba incluso que las balas no lograban afectarlo. Y esto, como he notado, es un elemento que se repite con cierta frecuencia y que es necesario mencionarlo porque sirve para conferirle un halo sobrenatural a las apariciones de un perro salvaje.

Y si seguimos avanzando en el tiempo, nos topamos con lo ocurrido en la memorable fecha de 1972 en cercanías de General Roca, Río Negro. El reporte decía lo siguiente:

Las andanzas de un extraño animal, por así clasificarlo, preocupan a la población de Padre Alejandro Steffinelli. Se trata de un perro-hombre que ronda la zona asustando a peatones y ciclistas. Varios presuntos testigos de sus correrías relataron algunas de ellas. Un joven de apellido Cifuentes de 16 años dijo que cuando regresaba a su casa tras efectuar algunas compras en un almacén próximo al puente del barrio Campamento fue sorprendido por el individuo. Tenía cabeza de perro y orejas largas, dijo y tras agregar que le había preguntado que hacía allí afirmó que el sujeto lo insultó. Yo no estaba asustado, declaró. Me fui alejando despacio y el perro se fue caminando como un hombre. El joven, de acuerdo con lo declarado por un ex maestra suya, es un muchacho normal que no cree en fantasmas. El agente encargado del destacamento policial de la localidad dijo que también él escuchó versiones de personas muy serias y responsables en el sentido de que un perro de grandes dimensiones que en ocasiones fue visto trotando detrás de un ciclista, y al ser azuzado o al acercársele alguna persona se levantaba en dos patas y corría como un hombre.” [19]

Sí, otra vez advertimos un perro de enormes dimensiones. ¿O un Hombre Perro?

Pero estas historias no son ámbito exclusivo de un país. Baste para ello señalar los Annales Francorum Regum.

Allí encontramos, en un inmejorable Latín, que en el año 856 , en una iglesia de Trier ( Prusia ), súbitamente fue invadida por un perro de tamaño inmenso durante una tormenta que sumió al templo en una oscuridad tal que los feligreses apenas podían verse unos a otros.

Y según la crónica, el suelo pareció abrirse y la enorme bestia emergió de allí mismo.[20]

Rafael Jijena Sánchez no se queda atrás. Nos relata un caso sucedido en la provincia de Córdoba en donde por la noche un perro negro solía aparecer arrastrando unas gruesas cadenas y echando fuego por los ojos (otro inevitable elemento sobrenatural).

Lo mismo que en la provincia de La Rioja, en la ruta de Chilecito a Famatina. Exactamente en el lugar llamado Piedra Preñada. Allí surge un perrazo que es mejor no encontrárselo. Y la provincia de San Luis y San Juan también tienen sus historias sobre perros fantasmales.

Otro caso de perro fantasmal es la versión original de Guillermo Alfredo Terrera:


Una niña de ocho años de edad llamada Dolores Maidana se despertó llorando en medio de una muy fría noche de junio. Sus padres se acercaron a su cuarto y ante la pregunta sobre lo que le pasaba la niña les contó que en sueños la había asustado un enorme perro negro que corría por el campo hasta llegar a la galería de la casa. Luego se apoyaba sobre la ventana mostrando ojos rojos y babeándose. El sueño terminaba con una premonición acerca de la muerte de su madre. Poco más tarde de las 17:30 horas de ese día, ya casi oscureciendo se sintió un alboroto entre la majada y los perros que la cuidaban. Ante la gritería del capataz y los peones, el dueño, padre de la pequeña, ordenó a su esposa y a su cuñada que se quedaran encerradas en la casa mientras el tomaba la escopeta y salía al patio. De pronto quedó paralizado porque a cien metros de distancia un perro negro, de pelo hirsuto y embarrado, atacaba a sus ovejas matándolas a dentelladas en el cuello ,mientras enfurecido se acercaba a la casa. Maidana disparó tres veces su arma pero erró el tiro. Viendo que el animal se dirigía directamente a la casa corrió desesperadamente tras él disparándole otras dos veces sin herirlo. Así, como en el sueño, llegó a la ventana, se apoyó frente a las aterradas mujeres y ante el sexto y preciso disparo de Maidana, el animal gruñendo ,aunque aparentemente no herido, se perdió en las sombras. Al otro día los peones salieron en su busca pero no pudieron hallar sus huellas, tan solo siete ovejas y dos perros ovejeros con la garganta destrozada.” [21]

Ahora bien, para finalizar con las referencias modernas, citaré algunos casos ocurridos en pleno Buenos Aires.

Más precisamente en el límite entre los partidos de Lomas de Zamora y Almirante Brown (en una localidad denominada Costa Brava.)

Para ello viajemos en el tiempo al lejano 1925.

Visualicemos un paraje tétrico y desolado. Oscuro como “boca de lobo”[1].

Un sitio que, como decían las lenguas viejas, no se podía atravesar de noche sin tomar antes una serie de precauciones. Y solía aparecer, sin que se advirtiera de donde provenía, un perro negro enorme de ojos encendidos.

Se decía que era el alma endemoniada de algún malhechor. Y algo similar ocurría en el Gran Buenos Aires.

Un perro negro fantasma se aparecía a los viandantes mostrando una dentadura enorme como si estuviera riéndose y los ojos fosforescentes.

Y finalmente, en plena Capital Federal, a principios de siglo, nada menos que el barrio de Flores fue protagonista de un evento de gran controversia.

En una esquina de la calle Avellaneda aparecía un perro negro que , según algunas versiones, era una persona que se disfrazaba para cometer latrocinios o algún delito menor.[22]

Para rematar mencionó el caso que investigué en persona. Bastante reciente, tendrá 15 años, y cuya testigo es amiga de mi padre. Ella me contó que se cruzó, en una noche en Don Torcuato, con un Perro Enorme, de ojos colorados, seguido por una infernal jauría (pueden ver  la historia en investigaciones)

En efecto, el terror primitivo por aquellos canes es algo dificil de quitarse de encima. La tradición los llama Lobizón, Alma Mula, Perros Fantasmales y Familiar. La ciencia, ya sabe de qué se trata, de perros salvajes.

 

CONCLUSION FINAL

Rescato, para finalizar, esta crónica de Denys Tell-Mahre, patriarca jacobita sirio quién nació en la Mesopotamia (Iraq) alrededor de finales del siglo VIII DC:

“ 774 DC: Antes del reinado del emperador Leo IV (Reino griego-bizantino, alrededor de 774 DC). Este lugar fue asolado por una plaga seguida por la aparición de espantosos y terribles animales los cuales no le temían a nada ni a nadie. No huían ante el hombre y verdaderamente mataron a muchas personas. Eran muy ligeramente parecidos a lobos, pero su hocico era pequeño y largo y tenían grandes orejas como la de los caballos. La piel en su espina dorsal parecía las crines de los cerdos pero paradas y tiesas. Estos misteriosos animales produjeron grandes matanzas entre la gente de la región de Abdin Rock, cerca de Hoh. En algunos pueblos los animales devoraron más de 100 personas y en muchos otros desde 20, a 40 o 50. Nada pudo hacerse contra ellos porque no le temían en absoluto al hombre. Sí, por casualidad, los hombres los perseguían, de ninguna manera los monstruos huían o se asustaban, por el contrario se volvían en contra de los perseguidores.

Sí un hombre perdía sus armas luchando contra uno, este saltaba sobre el pobre y lo deshacía en pedazos. Estos monstruos entraban en las casas y patios y secuestraban y se llevaban a los chicos y huían, dado que nadie les ofrecía resistencia. Por la noche subían a las terrazas, secuestraban a los niños de sus camas y se escapaban sin que nadie se les pudiera oponer. Cuando ellos aparecían, los perros no ladraban, por todo esto los alrededores del país sufrieron la más cruel experiencia que jamás se hubiera conocido antes. Dos o tres hombres no se arriesgaban a salir juntos y no se vió más ganado en los campos porque todo fue devorado por esos monstruos. Verdaderamente cuando uno de ellos atacaba a un rebaño de cabras u ovejas se llevaba muchos al mismo tiempo.

Estos monstruos se trasladaron a Arzanene (región del sur de Armenia, en el límite con Asiria) y cruelmente desolaron cada pueblo, así como en el país de Maipherk y en Monte Cahai y también causaron daños en Amida (En la región del Tigris superior) (pgs.194-195)” [23]

Es evidente que los monstruos existen. Se distorsionan con la idiosincrasia, y muchas veces se hace uso de su creencia para propagar una broma o tapar un delito de alguna clase.

Estas historias, retratadas en los periódicos, jamás escasearán, siempre estarán vigentes. Pues es el lado mágico del hombre que no quiere ser erradicado.


Créditos:

[1] Diario El Argentino. 23 de abril de 1955. Un Torvo Sujeto Apodado El Dientudo Aterroriza a la Barriada de Tolosa, El Argentino (La Plata), 23-4-1955, pg. 3.

[2] Un ejemplo de esto son los casos ocurridos en las localidades porteñas de Belgrano y en Warnes en la década del veinte. Un desquiciado se disfrazaba para asustar a la gente y oportunamente robarles el dinero. Entrevista personal de los autores con testigos directos de los sucesos.

[3] El Monstruo de Ringuelet, La Razón (Buenos Aires), 10-12-1961.

[4] El Monstruo de Ringuelet, La Razón (Buenos Aires), 10-12-1961.

[5] Ibídem.

6] Ringuelet Continúa Aún Bajo la Psicosis de El Dientudo, La Razón (Buenos Aires), 12-12-1961.

[7] Tomás Guevara: “Historia de chile prehispánico” (Universidad Nacional de Chile, Santiago de Chile, 1925 y 1927) Vol I, pg 31.

[8] Tomo I , pg 285-286. Lamas ,Buenos Aire ,1873. Referencias más antiguas podemos hallar en “Historium Animalorum” de Konrad Gesner, quien había extractado de un obra escrita en 1558 por el sacerdote francés,

André Thevet. Así también es interesante destacar el relato de Tomas Falkner quien llegó a ver una de estas criaturas como lo atestiguo en su libro “A description of Patagonia and the Adjoining parts of South America” (Armann and Av Chicago, 1935) pg, 62-63.

[9] Paleari,op.cit.,pg.451.

[10] Paleari,op.cit.,pg.451-454.

[11] Trampas para cazar animales menores y volátiles. Construidas con cañas o palos. Tienen la forma de una pirámide de cuatro lados.

[12] Elsa Leonor Pasteknik: Mitos Vivientes de Misiones (Plus Ultra, Buenos Aires,1977),pg.105/108

[13] Comunicado de la Jefatura de Policía Acerca de El Dientudo, La Razón (Buenos Aires), 15-12-1961.

[14] Rafael Jijena Sánchez: El Perro Negro y el Lobizón (Dolmen, Buenos Aires,1952),pg.24-25.

[15] Sergio Gabriel Soria: El Lobizón Hoy, Cuarta Dimensión Nº110,pg. 29.

[16] Año 2000, diario Norte del Chaco

[17] La Razón el 16 de febrero de 1966. Barrio de Dean Funes.

[18] Las Andanzas de un Extraño Animal, La Razón (Buenos Aires),8-8-1972.

[19] Keel,op.cit.,pg.24. El libro de las extrañas criaturas.

[20] Guillermo Alfredo Terrera: Cuentos Verídicos Extrasensoriales (Plus Ultra, Buenos Aires,1985),pg.50-54.

[21] Alarma en Ringuelet: Un Monstruo, La Razón (Buenos Aires), 9-12-1961.

[22] Harold T.Wilkins Strange Mysteries of Time and Space Ace Books,New York,1958

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