Playa Bonita San Carlos de Bariloche

Todos los relatos señalaban esta zona. Por eso, mis pies estaban allí. Fue hace muchos añso atrás.

Caminamos sobre guijarros y piedras pequeñas de origen volcánico esparcidas sin orden ni concierto a lo largo de cientos de metros de costa.

Delante, el lago Nahuel Huapi y sus verdeazuladas aguas gélidas. Allá lejos, la isla Huemul, otrora sitio seleccionado por científicos para experimentos nucleares (en la foto señalo donde se vería la criatura).

playa bonitaY mientras me pongo en cuclillas y lanzo una piedra al lago, recapacito la información que rescaté de la biblioteca y de labios de varios testigos oriundos de Bariloche.

Es evidente y cristalino. No cabe duda. Todos indican que aquí mismo donde estoy, en playa Bonita, es el sitio elegido por la criatura. Caprichosamente, siempre se deja ver en las inmediaciones.

Y sospecho, naturalmente.

No puede ser posible que de todas las vastas extensiones de agua dulce de este lago aquella susodicha criatura lacustre tenga predilección por Playa Bonita, un lugar balneario a metros nomás de la avenida principal Bustillo.

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SJ, señalando la zona en cuestión.

Por lo demás, algunos lugareños piensan que, sea lo que fuera se aloja en el lago, no es para nada amistoso. Incluso señalan que algo – lo que fuera – llegó a colisionar una lancha en el año 1987, dejando a cuatro personas muertas: Jesús Arroyo, Domingo Magistrali, Horacio D’Angelo y Julián Castellano.

Sentado, le paso el dato a mi amiga, entretenida en tomar fotografías de las montañas nevadas a la lejanía. Me mira con el ceño fruncido, clara señal de su desaprobación. Aquello es fantasía del pueblo, me dice, y me da su espalda mientras me comenta que el legendario pistolero Butch Cassidy también buscó refugio en estas glaciales regiones.

Pero eso me tiene sin cuidado. Me inquieta la ¿Criatura? que ronda por el lago. Y es que, nada menos, la información referida al respecto es sencillamente avasalladora.

Ya iremos a los ejemplos que lo ilustren.

EN LA PROFUNDIDAD DE LOS LAGOS

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Sé que algún lector puede tentarse de tomar con ligerezas estos asuntos y considerar que –como yo lo hice – es imposible la existencia de tales criaturas lacustres.

Pues, solo estoy limitandome a señalar una creencia. Nada más. Que crea o no , es lo de menos. Como folclorista de lo extraño, estos datos son importantes.

Es por ello que, en beneficio a la verdad, deberé presentarlos con un mínimo de orden y rigor.

Aquí los tienen. Apúntenlos.

Año 1900. En el lago Vinter, un lugareño denuncia la aparición de una criatura poco común. 1910. Mientras nadaba en el lago Pueyrredón, Alfredo Sepúlveda se topa con una especie de saurio. 1927. En el lago Fagnano se descubren restos de ¿plesiosaurios? bastante frescos. 1938. El lago Gutiérrez se transforma en escenario de extraños especímenes. 1956. El periódico La Razón publicaba el testimonio de más de 20 obreros que afirmaban haber visto un extraño animal emergiendo de las aguas del lago de Esquel. Un mes después de esta noticia otra no menos resonante hablaba sobre una comisión encargada de investigar este tipo de criaturas en la zona prefijada. 1978. Hilda Rimboll y su esposo ven algo extraño con cuello de cisne en el lago Nahuel Huapi.

1976. Un micro turístico se desbarranca en el lago Moreno. Un equipo de buzos se lanza al rescate. Y según sus testimonios, mientras sondeaban el vehículo accidentado, habrían observado la presencia de rayas de gran tamaño en el fondo del lago. Lo que motivó a diversos investigadores del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), a tomar con ligerezas estos relatos, clasificándolos de “imposible”. Y sin embargo, el entonces jefe de Prefectura Naval, prefecto principal Walter Hormastorfer, confirmó esta versión, aunque con unas tenues variantes geográficas.

1986. Stella Maris López, oriunda de Bariloche denunció haber visto un animal descomunal a pocos metros de la costa. Su cabeza, triangular, era semejante a la de las serpientes. Tenía dos lomos cubiertos de escamas. Tardó pocos segundos en desaparecer. Dos meses después, el ingeniero Guillermo Varzi, al regresar de un picnic en Bahia Linch nota algo que se desplaza a 25 o 30 km por hora. Sin perder un minuto, una de las hijas le toma una fotografía. Casualmente en febrero de 1987 ocurre aquel misterioso accidente en el que mueren cuatro personas. Ese mismo año, Alfonso Passo, capitán del crucero “Paisano” también ve a la criatura “ vi una cabeza como la de una serpiente negra”. Otra testigo fue Dorys de González que vio “como dos lomos nadando en dirección al centro del lago.”

En noviembre del mismo año de 1987 un grupo de 27 empleados del Centro Atómico de Bariloche – entre los cuales estaba Héctor Ulecia – avistaron mientras viajaban en un transporte el lomo de un animal, de color oscuro. En 1988 el misterioso merodeador fue observado nuevamente.

Un grupo de operarios de ENTEL (Empresa Nacional de Telecomunicaciones), una cuadrilla del Servicio de Lucha contra Incendios, una empleada de la Dirección de Bosques y otros vecinos fueron testigos de la aparición. En ese mismo año un camarógrafo logra filmarlo. En la imagen vemos un animal u objeto de enormes dimensiones proyectando una intensa estela en el agua.

1989. La guía turística Isabel Muller, Cristina Girgenti y 31 pasajeros de un autobús logran retratar la paseadora criatura. Jorge Brodo mostró una secuencia de un film atribuido a la criatura, definiéndolo como “algo semejante a un submarino por debajo del agua…” Aunque su movimiento, según confesó, era demasiado flexible.

1990. El Diario Popular publica la aparición de una criatura aledaña a la Isla Victoria. Más de una docena de testigos afirman haber visto aquella joroba o lomo raro.

Y me detengo aquí.

Y pongo en antecedentes al lector del último testimonio que he rescatado en mi incursión de aquel enero del 2004.

Según me confesara Héctor Ulecia, mi gentil asesor en todo lo referido a “Nahuelito”, un joven estudiante del Balseiro , cuyo nombre no me ha sido dado a divulgar, llegó a toparse con la “Criatura”. E incluso a adentrarse en canoa a las aguas del Nahuel Huapi con el claro – y nada humilde – propósito de capturar aquella bestia gigantesca.

Pero sólo pudo contemplar la huida presurosa de aquello y una estela, como de sangre, extendida sobre la superficie del lago.

Pues bien. Yo buscaba más evidencias.

Como por ejemplo tener conmigo una foto de aquel engendro. Porque – siempre me ocurre – sospecho de las fotos que veo si yo mismo no las obtuve. Y creo que mi perseverancia rindió sus frutos.

Y nuevamente Ulecia me daría la primicia.

Aquel nuevo avistaje ocurrió quince días antes de que pisara San Carlos de Bariloche. A continuación reproduzco como documento exclusivo la fotografía obtenida y su análisis digitalizado.

 

Y finalizo con la carta del bueno de Ulecia (y la foto):

Hola y buen día Sebastián:
Recibí tu correo y leí el resumen de “algunas apariciones”, referidas a
Nahuelito. Conocía esos testimonios y son verosímiles. Como así también son creíbles los testigos que reportaron el avistamiento. En febrero de 1976, un poblador de Bariloche, Aquiles LAMFRE, cuenta haber visto al mediodía, frente al hotel Parque, y estando él a orillas del lago que en ese momento se hallaba calmo y planchado, un movimiento llamativo a unos 1500 metros aguas adentro. Como un gran remolino. Y dice haber visto aparecer un animal enorme con el lomo oscuro y un cuello alargado con cabeza aviborada. Se movió unos pocos segundos como si nadara hacia el rio Limay y se sumergió. Este mismo poblador dice haber tenido la suerte de volver a verlo once años después, pero esta vez sólo su lomo y el movimiento de aguas que genera.
Algunos vecinos con espíritu ecologista han sugerido a las autoridades, desde hace tiempo, que legislen sobre este tema, de tratarse de un animal de características extraordinarias, a efectos de prevenir cualquier hecho que pudiera dañarlo, dado el valor científico de probarse su existencia. En alguna oportunidad también se pedía prudencia y precaución a los que navegaban
el lago o a quienes realizasen otras actividades en el, a los mismos efectos, no causarle daño.
Si, no tengo ningún problema en que publiques mi nombre (Héctor Alberto ULECIA). En algún momento te mando las fotos por este medio. Son algo o bastante parecidas ya lo vas a poder apreciar. También te voy a mandar mi opinión sobre las mismas. Un abrazo y espero noticias tuyas. Héctor
.-

MUSEO DE BARILOCHE

bariloche
Fotografía que tomé de los bellos lagos de Bariloche.

Aún tenía bien fresco el testimonio de Ulecia cuando la imperativa voz de mi amiga me sacó de un trance – con el pasado indígena de la región Patagónica – en aquel museo del centro cívico barilochense.

Y, digo yo, hubiera seguido entusiasmado viendo a mis ancestros de piel curtida y ojos penetrantes, altos algunos, bajos otros, todos ataviados con los clásicos ropajes a la vieja usanza indígena. Pero aquello que había hallado mi amiga (Mily) me alertó.

recortesSe trataba de la reproducción de la carta de Clemente Onelli, el entonces director del Zoológico de Buenos Aires, en donde decía que algo había sido observado por las lejanas fechas de 1922.

Tan singular había sido, que se organizó una expedición en busca de nada menos que un ¡Plesiosaurio vivo!

Sí. De no creer.

Aunque, es cierto, algunos piensan que aquella “cacería” sólo fue un émulo de la novela de Arthur Conan Doyle, “El tiempo Perdido”, escrita 10 años antes. E incluso que el mito de la bestia de Escocia fue una guisa de “plagio” de la presuntamente buscada en esta expedición.

Lo cierto es que en 1933 se produce el primer “avistaje” en el lago Ness de Escocia, y Onelli , como digo, va a por un plesiosaurio en 1922. Algo insinúa Peter Costello en su celebre “In Search of Lake Monsters” (“En busca de los monstruos de los Lagos”)

La pregunta es, en tal caso, llegando al final del capítulo:

¿Pudo el mito patagónico haber influido en el escocés? O mejor: ¿ Es posible que ambos hayan sido inventos paridos por una novela popular de Doyle? ¿Hasta qué punto esos inventos no influyeron decisivamente en los testimonios de las personas que vieron algo que no entienden y lo ajustan a la idiosincracia de la región?.

Como sea, estos testimonios quedarán ahí, a la espera que una prueba empírica demuestre que son reales y no dominios de la imaginación, mala observación, alucinación, mentiras, o delirios.

No obstante, estoy persuadido que puede ser esto lo que vean en los lagos de la Patagonia:

submarino

No obstante, el lector lo juzgará más prudentemente que quien esto escribe.

 

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