Verdades y mentiras de las duchas frias

 

A veces hago experimentos como algunos biohackers. Experimento con mi propio organismo. Y en esta ocasión, alentado por un amigo e impulsado por los libros y records Ginness de Wim Hof, decidí hacer la prueba del frío.

Y también las técnicas de respiración de Wim Hof.

Resumiendo: las técnicas de respiración mucho no me hicieron. Vi varios videos de personas que alaban esas técnicas. La verdad es que se siente únicamente una intensa oxigenación del cuerpo. No está mal. Pero nada de aquello de llorar, tener visiones, o aguantar la respiración cinco minutos.

Me cansaron, me aburrieron, desistí. Y decidí, debido a los muchos beneficios que dicen posee el agua fría, hacer la prueba del frío.

Durante unos 7 meses (que tocó verano, otoño e invierno) me duché tanto a la mañana como a la noche con agua bien fría. Controlé la respiración bajo el agua gélida y me fui acostumbrando.

En varias ocasiones me despabiló, me sacó el dolor de cabeza, resfriados, alergias, y me recompuso verdaderamente el milagro del agua fría. Pero a medida que fue pasando el tiempo no percibí ningún otro cambio.

Todo lo contrario: decidí sumarle a las duchas frías una dieta alcalina, para comprobar con estudios médicos los beneficios. Y aunque había leído que las duchas frías aumentaban el flujo de glóbulos blancos, y por ende, estimulaba el sistema inmunológico, sucedió lo contrario.

Como pueden ustedes ver:

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Aqui se ve que me dio 6.3 de recuentos de Globulos Blancos. Dentro de lo esperado. Perfectamente normal.
IMG_3003
Aqui descendieron a 4.3 el recuento.

 

En otras palabras: en el primer estudio, antes de ser “vegetariano” (y finalizando el otoño) mis glóbulos blancos estaban por encima de lo normal.

Un mes después, habían descendido no llegando siquiera al mínimo. Yo persistí con las duchas gélidas, aun siendo invierno, volviendo de correr en la noche para bañarme con agua helada.

A todos los que les contaba me decían lo mismo: estás loco. Que me enfermaría de pulmonía. Pero les respondía que las enfermedades vienen por virus o bacterias: no por el frío. El frío despabilaba, me iba a dar energía.

Así pues, a la mañana y a la noche me sometía al frío. Recibir como miles de agujas en el cuerpo, la vasoconstricción, el aceleramiento del corazón hasta el acostumbramiento, y luego salir y sentirse óptimo pero congelado. Las uñas de los dedos de los pies azules.

Había leído tanto: que el agua fría ayuda a mejorar la circulación (mis eternos pies fríos continuaron exactamente igual) que ayuda a fortalecer el sistema inmunológico (mis glóbulos blancos descendieron con la dieta y no hubo ducha que ayudara) que genera grasa parda que devora la grasa blanca (la nociva, la que nos engorda).

En fin, tantos beneficios. Pero tanto sufrimiento. Sin un segundo de relajación ni a la mañana ni a la noche.

La cuestión es que con la llegada del clima gélido las duchas se volvieron más difíciles. Muchas noches pensé en no hacerlo. Relajarme de una jornada atareada con el agua caliente.

Pero por otro lado, pensaba, debía probarlo. Debía dejar el testimonio de mi experiencia. Al fin y al cabo es lo que vale. Esta clase de experiencias son las que aportan algo al conocimiento humano de uno mismo. Replicar notas, me da tedio. Por más lindo que sea lo que vaya a contar nunca es igual que contar la experiencia personal.

Los glóbulos descendieron y en el invierno eso se hizo manifiesto con una típica enfermedad de las bajas defensas. Hacía años que no la padecía. Y volvió a mi cuando los niveles de glóbulos blancos mermaron (los propios médicos que consulté corroboraron esto que yo ya sabía).

Comprendí que la dieta alcalina puede ser muy buena para algunas personas, pero no era mi caso. Necesitaba las proteínas animales: no suelo comer carne roja, pero sí mucho pescado y pollo. Y lo había dejado.

Todos los niveles en mis análisis se me descuajeringaron. Y las duchas, no ayudaron. Y es más: fueron como el azote matutino y nocturno. Una suerte de flagelación.

Y pensé: ¿no es como darle shocks eléctricos al cuerpo? ¿Acaso un cuerpo siempre en vasoconstricción no es un cuerpo estresado? ¿Cuándo se relaja si día y noche se somete a un tormento?. ¿Acaso no genera stress el agredir continuamente nuestro cuerpo con agua helada?.

Me di cuenta que si la dieta alcalina pudo hacer lo suyo bajándome las defensas, el stress diario de las duchas heladas ayudó notablemente. Agredía todos los días a mi cuerpo sin dar un minuto de calma como la que una ducha bien caliente puede ofrecer.

Al final, el efecto que buscaba con las duchas frías (tener el sistema inmunológico elevado) fue totalmente el opuesto.

Esta ha sido, al menos para mi, la experiencia con las duchas heladas. Ahora la dieta alcalina la continuaré, pero con moderación.

Mi intención es probar un mes más para evaluar si realmente fueron las duchas las culpables de mi descenso de glóbulos blancos o ambas cosas. Los estudios, como siempre, serán irrefutables.

Y esta vez tengo de aliada el agua caliente.

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